miércoles, 6 de mayo de 2020

Caras



—Estás muy guapa esta noche —dijo.
—Gracias, tu también —respondí tímidamente.
Estábamos sentados en el mejor restaurante de la ciudad.  Iba a ser una noche especial, lo presentía.  Había elegido bien.  Nada más llegar me miró la cara fijamente.  Pude dilucidar que estaba ensimismado con la perfección de mi maquillaje, de mis ojos verdes translucidos, mis labios rojos.  Me había costado mucho dinero estar así esta noche. ¿Pero no era por una buena causa esa inversión?  Y había elegido bien, lo sabía.
La noche fue, efectivamente, mágica.  La comida llena de pequeñas delicias y miradas cómplices.  Cuando llegamos a su casa supe que había triunfado, me deseaba, no podía resistir esta cara.
Llegué a casa a la mañana siguiente cansada, envuelta en sueños de la noche maravillosa que habíamos pasado juntos.  Me desvestí y una vez ante el espejo del baño, me miré lentamente.  Todavía mi cuerpo era bello pero pronto habría que invertir algo de dinero en el.  Con la cara fue más fácil pero no había dinero suficiente todavía para el cuerpo.  Me acerqué al espejo y lentamente, metiendo los dedos detrás de las orejas tiré hacia delante.  La cara se desprendió con un ligero clic y un ruido acuoso.
La cogí con cuidado, me había costado muchas horas de trabajo y esfuerzo ahorrar para ella, y la llevé al armario junto a las demás.  Contemplé los catorce rostros que tenia ante mí.  No sabía cual ponerme hoy.  Lo decidiría luego.
Volví al baño y al pasar por el espejo se me olvido no mirar.  Grité, llevándome una mano al pecho del susto.  Mi rostro era un amasijo de carne podrida, negra en algunos sitios, con pedazos pequeños colgando, a punto de caerse.  Parecía cera roja, cayendo y consumiéndose poco a poco.  En mi mejilla derecha ya se percibía el hueso entre la carne podrida.
Aparté la vista.  No pasa nada, calma, me dije a mi misma.  Tengo catorce caras, una para cada ocasión.  Y anoche, la más costosa, la que expresaba belleza sublime, le había complacido.  Me quedaban pocas por conseguir, ya tenía casi todas las emociones y expresiones.  ¿Cuántas tendría él?

viernes, 1 de mayo de 2020

Esperanza



Llevábamos meses encerrados el mundo entero, de un continente a otro.  Los primeros días ponía las noticias pero después ya no pude más con la desolación y las muertes.  Siempre había vivido sola y ahora, como estaban las cosas, me veía a mi misma haciéndome vieja dentro de mi casa sin que nadie advirtiese mi piel joven llenándose de arrugas, volverse seca y fina.  Ya no llamaba a nadie, internet se había esfumado en el aire como un sueño lejano de lo que pudo haber sido.  Tenía mis libros, mis dibujos y todavía un poco de comida.  Pronto tendría que salir a buscar más.  ¿Seguirían los supermercados abiertos?  ¿Se parecerían a los economatos soviéticos durante la guerra fría?  ¿Estantes vacíos y empleados todos vestidos iguales?
Me puse la mascarilla y salí a la ciudad desierta.  Anduve kilómetros sin cruzarme con un alma.  El silencio pesaba a mí alrededor. Dando la vuelta a la esquina tropecé con un muchacho.  Me sostuvo los brazos para no caer.  Y en su sonrisa, todo lo bueno que nos hacía humanos floreció en mi corazón.  Bajó mi mascarilla lentamente, soltando libre mí suspirar y dijo:
—¿Crees en el amor a primera vista?

domingo, 26 de abril de 2020

Luz



El mar se torno violeta a tu paso.
Yo buscaba que tu luz me acariciara.
Un rayito pedía solamente.
Pero para mí no tenias.

Así que te deje a orillas del mar.
Viaje lejos, cruce montañas, cruce desiertos.
Vi y toque la luz de otros.
Me di cuenta que tu luz, aquella,
que no quisiste compartir conmigo,
era una luz pequeña, mezquina.

En el mundo aprendí lo que se da sin pedir.
Me vi arropada.
Multitudes ofrecieron su luz
sin pedir la mía a cambio.

lunes, 13 de abril de 2020

El Rezo Desoído



Llanto, dolor y desencanto.
Mirada trágica, drama en escena.
En su casa no se puede hacer ruido.
Los pájaros huyen de sus nidos al oír las campanas.
Pasos por el barro hacia el más allá.
¿Dónde estará? ¿Lo busco o espero?
Siento que muero, mis entrañas en descomposición.
¡Quiero su carne, tirarle del pelo, morderle!
¡Besarle con anhelo, que sienta mi desesperación!
Se vuelve a perder entre la niebla
Amargo recuerdo de sucia lluvia.
Nunca sale el sol, solo nubes bajas que  me arrastran con el viento.
Huyo de mi descontento.
Grito, las manos al aire, arrodillada ante ese que no escucha.
En casa de la que no tiene llave.
Poco consuelo hayo en ese templo frio.
Madre, estas allí, escuchas mi lamento.
Silencio, solo silencio.