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Mostrando entradas de 2019

Warnings Never Uttered

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Must I ask permission for wandering afar? Away in to the mountains where there is only green. To lie upon a small blanket, like the child who sees but understands not what lies before me. The branches hold me down; the moss makes me slip. I see a bear observe me while I disappear into the mists. Mists made of fine fabric, created to make me blind, to cover my sinful nakedness. To lose my way at every turn and find myself again by your side. I scream every time I see you.   Is there no end to this pain? You taught me to shoot, hunt and build a fire, but never of what came through the mist of puberty holding out its hand. You never said, you never warmed, about man.

Sunny´s Song

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My feet can´t move There is no more groove          My days filled with shadows And nights drinking booze Sing a sad song with me Late into the night Buddy, hold me tight That I might remember what   Love was like                                                             My man done left me                                    By the Mississippi banks He´s gone on the ferry Without a backwards glance   My man done left me Booze is my lover now It gives me comfort When I´m feeling down I sing my sad song All the through the night My man done left me And booze is my only light I´m will be going soon With my old guitar I´ll rest when I get there You can come along And we´ll sing together My bittersweet jazz song

Campos de Maíz

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Vengo de un país de naturaleza violenta. Vientos de tornados que arrasan con los sueños. Tormentas de granizo que te hielan el corazón. Lluvias que pudren las cosechas. Truenos que espantan la alegría. Otoños de frio y hojas muertas por el suelo. Invierno de nieves huracanados que cortan el aliento. Calor en verano que deja los sentimientos deshidratados. Noches húmedas contando los pesares en vez de ovejas. Vacas muertas por cazadores borrachos. Ciervos que huyen heridos entre la maleza. Y a pesar de todas estas desgracias, nos paramos a contemplar los campos de maíz.

Coffee Grinds

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Coffee Grinds I take the small chair and place it next to the stove, every morning I sit and wait for the coffee to be done. He says, when he wakes, that his first cup is the aroma in my hair. I take the wet grinds out to the lemon tree. I break them up with an old spoon and imbed them around the roots. There is no one anymore to smell my hair in the morning. I still sit in my wooden chair waiting for the coffee to be done, tears drying on my cheeks from the heat on the stove.

La Bañera

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La Bañera Me gustó la bañera en cuanto la vi. Era una pieza auténtica. Tenía las patas de garra de león y estaba esmaltada en verde por fuera. — ¿Cuánto?—, pregunté, apartando la vista de las prótesis que tenía en vez de manos el vendedor. —Poco—, contestó, mientras me miraba de arriba abajo lascivamente. Me la llevé en mi viejo camión a casa. Un vecino, que sabía de fontanería, me ayudó a bajarla y montarla. Qué bonito se quedó el baño. Esa noche, al terminar de trabajar en la casa, coloqué velas por los estantes. Las encendí y apagué la luz. Llené la bañera hasta arriba de agua y burbujas perfumadas. Me desvestí con cansancio; casi no podía levantar las piernas de lo que había trabajado en las reformas de la casa ese día. Pero esta era mi recompensa, una bañera antigua, preciosa. El agua estaba perfecta y mi cuerpo empezó a relajarse. Cerré los ojos mientras canturreaba una canción. De pronto, sentí unas manos alrededor de mis tobillos. Abrí los ojos asustada, no había nadie,

Como un Pez

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COMO UN PEZ —Abuelo, abuelo, cuéntame una historia —me pidió mi nieto Luis una tarde de verano donde ni las moscas volaban del calor que hacía. Nos recostamos bajo la sombra del porche en grandes tumbonas a contemplar el mar y a ver qué cuento se me ocurría.  Luis era nervioso y jamás dormía la siesta, pero se estaba quieto conmigo si le contaba alguna aventura, verdadera o no. —Pues hijo, a ver qué te cuento. Me estoy quedando seco de historias —le dije sonriéndole. —Anda abuelo, si tú eres muy viejo, seguro que sabes un montón —se reía mientras me decía esto. —Bueno, allá vamos. Esto sería cuando yo no era mozo todavía. Tendría unos doce años.  Era verano y llevaba ya un mes de vacaciones a mis espaldas.  Pero los había puesto a buen uso.  Había en diez días una competición de natación en el puerto del cabo.  Las reglas eran sencillas: empezar en el puerto y dar la vuelta al faro de Cabo de Palos, dos mil doscientos metros, llegando hasta Cala Túnez donde estaba la me