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Mostrando entradas de octubre, 2019

Coffee Grinds

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Coffee Grinds I take the small chair and place it next to the stove, every morning I sit and wait for the coffee to be done. He says, when he wakes, that his first cup is the aroma in my hair. I take the wet grinds out to the lemon tree. I break them up with an old spoon and imbed them around the roots. There is no one anymore to smell my hair in the morning. I still sit in my wooden chair waiting for the coffee to be done, tears drying on my cheeks from the heat on the stove.

La Bañera

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La Bañera Me gustó la bañera en cuanto la vi. Era una pieza auténtica. Tenía las patas de garra de león y estaba esmaltada en verde por fuera. — ¿Cuánto?—, pregunté, apartando la vista de las prótesis que tenía en vez de manos el vendedor. —Poco—, contestó, mientras me miraba de arriba abajo lascivamente. Me la llevé en mi viejo camión a casa. Un vecino, que sabía de fontanería, me ayudó a bajarla y montarla. Qué bonito se quedó el baño. Esa noche, al terminar de trabajar en la casa, coloqué velas por los estantes. Las encendí y apagué la luz. Llené la bañera hasta arriba de agua y burbujas perfumadas. Me desvestí con cansancio; casi no podía levantar las piernas de lo que había trabajado en las reformas de la casa ese día. Pero esta era mi recompensa, una bañera antigua, preciosa. El agua estaba perfecta y mi cuerpo empezó a relajarse. Cerré los ojos mientras canturreaba una canción. De pronto, sentí unas manos alrededor de mis tobillos. Abrí los ojos asustada, no había nadie,

Como un Pez

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COMO UN PEZ —Abuelo, abuelo, cuéntame una historia —me pidió mi nieto Luis una tarde de verano donde ni las moscas volaban del calor que hacía. Nos recostamos bajo la sombra del porche en grandes tumbonas a contemplar el mar y a ver qué cuento se me ocurría.  Luis era nervioso y jamás dormía la siesta, pero se estaba quieto conmigo si le contaba alguna aventura, verdadera o no. —Pues hijo, a ver qué te cuento. Me estoy quedando seco de historias —le dije sonriéndole. —Anda abuelo, si tú eres muy viejo, seguro que sabes un montón —se reía mientras me decía esto. —Bueno, allá vamos. Esto sería cuando yo no era mozo todavía. Tendría unos doce años.  Era verano y llevaba ya un mes de vacaciones a mis espaldas.  Pero los había puesto a buen uso.  Había en diez días una competición de natación en el puerto del cabo.  Las reglas eran sencillas: empezar en el puerto y dar la vuelta al faro de Cabo de Palos, dos mil doscientos metros, llegando hasta Cala Túnez donde estaba la me

Strangers

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Strangers Strangers are always telling me, “I love your smile, you always look happy.” They are strangers… ¿What do they know?

Baking

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Baking In my warm hands I form my dreams. All that I am, comes to shape for another to eat.

Shut Up

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Shut Up Beware of those who ask for sanity. Those that look to god with no courage. They that constantly speak with no meaning. What the hell where they talking about? Rotting humans in fresh skin tight with stitches and white teeth. Are they correct? Do you want to die behind a desk with a million dollar house and car to pay off? I like wine and cheese, long sleepless nights, writing at dawn, no electricity, sweat running between my breasts that I wipe at with my hand. I smile so pretty while I think of cutting their tongues out till they shut up

La Naranja

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LA NARANJA He encontrado una solitaria naranja en la cocina.  Brillaba, era de supermercado.  La he cogido y llevado a la nariz.  No olía a nada. ¿Sería de plástico?  Era perfecta en todo, color naranja uniforme, piel ligeramente rugosa.  He cogido un cuchillo que me gusta del cajón.  Es un cuchillo pequeño que me cabe en la mano, también pequeña, a la perfección.  Tiene el mango de madera, negro, fino y suave.  La hoja también es muy fina.  No larga, pero si afilada.  Lo cojo siempre con cierta satisfacción.  ¡Es mi cuchillo!  He procedido a cortar la naranja como hago siempre.  Primero la corto por la parte del Ártico.  Y luego por el Polo Norte.  Luego hago cuartos en la piel.  Dejo el cuchillo en el fregador y voy quitando la piel.  Aquí sí que había esencia.  Notaba las pequeñas partículas de jugo caer sobre mis manos.  Una vez quitada la piel, abro la naranja por la mitad. Hace un ruido satisfactorio de tela que se rasga.  Suelta un jugo perfumado.  Vuelvo a oler el gajo.

Cieza

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Cieza Campo de cebada verde etéreo. Cielo aguamarina. Almendros blancos como novias, melocotonero rosa, Cieza suspira. El tractor va lento. Yo no tengo prisa. Me paro a mirar las flores. Miles de abejas el único sonido. La luz me envuelve. Busco el cielo entre tanta flor. Quiero recostarme en esa tierra, Y beber como hace la abeja. Que las flores caigan sobre mí. Sentirme una con el barro. Mi corazón palpita junto a las raíces. Un rayo de luz me ciega. Solo percibo rosa, blanco, verde, cielo y abeja.

The Little Things

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The Little Things It was hot today. The kind of heat that you can´t escape from. I had the ceiling fan on and was sitting in my chair waiting for him to get back. He said he was going to the cafeteria down the street to read the newspaper and have a chat with a friend.  I was always surprised that I missed him when he wasn’t around, even when I knew he would be back soon. We had been together since I was a girl. I can still remember the red sweater he was wearing the first time we met. Horrible old thing, the neck and wrists frayed, the color faded in some places.  Sometimes, when I look at him, I see that sweater on him, time fading to a softer place where youth was a rapid stream, and love was before me with all of its mysteries to unfold.  I can still intensely feel the first touch of his strong hand placed on my naked stomach, the look in his eyes asking for permission to go further. How I placed my hand on his and smiled, love filling my whole body, heart beating faster, my bre