lunes, 14 de octubre de 2019

El Pozo

El Pozo

Cada primavera un hermano mío era enviado a un internado.  Jamás volvíamos a saber de ellos.  Sería extraño si hubiésemos sabido que eso no era la norma, pero no lo sabíamos, vivíamos aislados de los demás y solo conocíamos a nuestra familia y criados que vivían en la finca.  Había un pozo en nuestra finca al que mi madre siempre le gustaba sentarse cerca en primavera.  Llego el día en que me toco a mí marchar al internado y mi madre me hizo llamar al jardín donde estaba el pozo.  El pozo estaba descubierto y me dijo que me asomase.  Al hacerlo, me tiro dentro cayendo encima de mis hermanos muertos.  Mientras cerraba el pozo la oí murmurar. —Algún día tendré un hijo listo que no se asome.

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