No Está Todo Perdido



¿A dónde van las mujeres cuando ya no las quieren? Cuando nuestros muslos engordan, nuestros antebrazos cuelgan y el pelo se torna gris.

Te miré alejarte. Todo había terminado. Recuerdo la sensación de desamparo, de no saber qué hacer después. Me quedé de pie entre el gentío que pasaba a mi lado sin mirarme, sin darse cuenta de que las lágrimas resbalaban por mis mejillas pálidas, sin maquillar.

¿Qué va a ser de mí?

Salí del juzgado. Hacía un día sin color, neutro, de frío espantoso. Me volví a quedar inmóvil, sin rumbo, en los escalones. Miraba, pero no veía lo que tenía ante mí. De pronto, mi vista cobró lucidez. Me fijé en un cartel grande, justo enfrente del juzgado, en lo alto de un edificio. Sus colores eran cálidos, veraniegos. Se veía a una mujer subiendo a un crucero con una amplia sonrisa. Se embarcaba hacia la felicidad que prometían el sol, la arena y el mar.

Me fijé bien en ella. Miré su rostro. Podría haber sido yo, hacía unos años.

Empezó a llover. Seguí sin moverme. Mis lágrimas, ya olvidadas.

Saqué el móvil del bolsillo de mi abrigo. Ese abrigo negro horrible, amplio, que siempre odié, aunque lo compré para tapar mis curvas. Marqué el número que aparecía en el cartel, como en un sueño, sin pensar realmente en lo que estaba haciendo.

—Hola… ummm… he visto vuestro anuncio. No sé…

—Hola, me llamo Yolanda. Deje que le explique nuestra oferta estrella de este mes. Si usted es mayor de 45 años, tenemos un crucero exclusivo para divorciados que incluye ocho días y siete noches por el Caribe, todo incluido, por solo 2.800 euros en cabina turista sin balcón. Si lo prefiere en primera, con balcón, son solo 3.400 euros.

—Pues… en primera.

Dios, ¿en qué estaba pensando? ¿Qué estaba haciendo?

—Vale, pues tiene que facilitarme sus datos: nombre, número de tarjeta y listo. Primero le digo las fechas disponibles.

—¿Cuál es la fecha más cercana?

—Sale un crucero el día ocho a las diez de la mañana. ¿Qué le parece?

¿Estoy loca?

—Sí… sí… esa.

Terminados los trámites, seguía allí de pie, mojada en la escalera del juzgado. Empecé a andar preguntándome qué había hecho. Nunca hacía cosas así, sin meditarlas. ¡Un crucero de divorciados! Pero eso era lo que era ahora: una divorciada. No tenía nada que hacer. Nunca había trabajado y el divorcio me permitía seguir así.

Vagaba sin rumbo. Ya no había prisa por llegar a casa, ni cena que preparar, ni ropa que lavar. Nada de nada. Vi el escaparate de una peluquería. La recepcionista me sonrió al pasar. De pronto, di media vuelta y entré.

—Hola.

—Hola… ummm… quería arreglarme el pelo.

La chica me preguntó si tenía cita. Le contesté que no, con decepción, sabiendo lo que me iba a decir. Pero antes de que pudiera responder, apareció a mi lado una mujer de más o menos mi edad. Se quedó mirándome unos instantes, observó mis ojos rojos e hinchados. Sin mediar palabra, me ayudó a quitarme el abrigo. Amablemente, me acercó a una silla y me cubrió la ropa.

—Bien, ¿qué te gustaría? —preguntó, con las manos posadas sobre mis hombros, que todavía temblaban ligeramente.

La miré a través del espejo.

—Me voy a un crucero que acabo de contratar. Dentro de tres días, al Caribe.

Lo dije esperando que se riera de mí, que me dijera que estaba loca. Pero volvió a sonreír.

—Sé exactamente lo que te hace falta.

Cuando salí tres horas después, no me reconocía. Ámbar, así se llamaba la dueña, me aconsejó mechas rubias y un corte moderno, fácil de llevar, por encima del hombro. Al pagar, nos quedamos mirándonos un momento en silencio y, sin mediar palabra, me abrazó. Las mujeres nos entendemos sin tener que hablar, especialmente las que somos mayores.

Y aquí estoy. En mi crucero. Tomando una piña colada rodeada de nuevas amigas. Riendo a carcajadas, bailando, tomando el sol.

Esta mañana, antes de salir del camarote, me miré al espejo y pensé:

¿Sabes a dónde van las mujeres a las que ya no quieren?

Pues a la peluquería, a la boutique, de crucero, al cine, de copas, al teatro, a la playa, a la montaña. Con otras mujeres, apoyándose, queriéndose, animándose.

Van a vivir.

Y sí, a volver a amar algún día.

La vida no se acaba porque un hombre no supo apreciar lo que tenía.


Comentarios

Entradas populares