La Demencia de Mamá

La Demencia de Mamá

La Demencia de Mamá

— ¿Quién eres?

—Soy tu hija María, mamá.

— ¿Seguro?  Yo creo que si tuviese una hija me acordaría, siempre quise una.

—Pues la tienes aquí mismo, mamá.

—Ya, eso lo dices, pero yo no lo recuerdo.  Yo me acordaría si tuviese una hija.  Sería estupenda.  Una abogada tal vez, como su padre.  Seria alta, guapa, tendría un marido divino y me daría nietos preciosos.  No, yo me acordaría si tuviese una hija.

—Pues la tienes.  Y es baja, gorda, fea y divorciada sin hijos.  Ah, se me olvidaba.  En paro y sin estudios, mamá.

—Ves.  Lo sabía.  No puedes ser mi hija.  Mi hija me cuidaría en su magnífica casa y querría que pasase mi vejez junto a mis nietos y a ella.

—Mama, este cuchitril en el que vivimos es tu casa de toda la vida.  Aquí me crie y soy tu hija.  Vivimos las dos aquí y todo es una mierda.  Así que cállate y duérmete un ratito por favor    —dijo María.

Fuensanta se hizo la dormida y esperó a que la desconocida se durmiese.  Cuando estuvo segura, se levantó y buscó por la casa algo que todavía no sabía que era.  Lo encontró en la galería.  Un martillo.  Se fue con él a la habitación donde la tal María, que decía ser su hija, estaba durmiendo.  Y la mató a martillazos.


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