viernes, 1 de mayo de 2020

Esperanza



Llevábamos meses encerrados el mundo entero, de un continente a otro.  Los primeros días ponía las noticias pero después ya no pude más con la desolación y las muertes.  Siempre había vivido sola y ahora, como estaban las cosas, me veía a mi misma haciéndome vieja dentro de mi casa sin que nadie advirtiese mi piel joven llenándose de arrugas, volverse seca y fina.  Ya no llamaba a nadie, internet se había esfumado en el aire como un sueño lejano de lo que pudo haber sido.  Tenía mis libros, mis dibujos y todavía un poco de comida.  Pronto tendría que salir a buscar más.  ¿Seguirían los supermercados abiertos?  ¿Se parecerían a los economatos soviéticos durante la guerra fría?  ¿Estantes vacíos y empleados todos vestidos iguales?
Me puse la mascarilla y salí a la ciudad desierta.  Anduve kilómetros sin cruzarme con un alma.  El silencio pesaba a mí alrededor. Dando la vuelta a la esquina tropecé con un muchacho.  Me sostuvo los brazos para no caer.  Y en su sonrisa, todo lo bueno que nos hacía humanos floreció en mi corazón.  Bajó mi mascarilla lentamente, soltando libre mí suspirar y dijo:
—¿Crees en el amor a primera vista?

No hay comentarios:

Publicar un comentario